Por Malena Manzato
La historia de nuestro país está llena de contradicciones, polarizaciones, “luces y sombras”. Los tiempos que estamos transitando no son una excepción de la evidente necesidad de luces. Luces que iluminen el discernimiento justo, misericordioso y amoroso que deberíamos tener como sociedad y como seguidores/as de Jesús para redireccionar el caminar en situaciones difíciles cómo las que está atravesando la mayoría de la población.
Cientos de jubilados/as cada miércoles solicitando los derechos quitados, son apaleados y gaseados. La “honradez” pregonada desde las altas esferas políticas se contradicen con enriquecimientos de funcionario/as. Las personas se endeudan para cubrir sus necesidades básicas, comprando alimentos en cuotas con tarjeta de crédito. El impacto del desempleo ante el cierre de fábricas y comercios, refleja un escenario de recesión. La crisis en el sistema de Salud y Educación Primaria, Secundaria y Universitaria, así como la crisis habitacional que lleva a miles de personas a estar en situación de calle. El cierre del Ministerio de las Mujeres en tiempos en que la violencia familiar tiene cifras cada vez más altas.
Intereses egoístas, ejercicios de poder autorreferenciales, violentos y negadores de la dignidad humana no dialogan, no escuchan y anulan toda posibilidad de pensar diferente. En estos tiempos críticos, debemos interpelar y visibilizar a través de nuestros testimonios y acciones solidarias, la presencia del Espíritu Santo, ese Espíritu renovador, transformador que da sentido o debiera dar sentido a nuestras vidas.
Nuestra historia está caracterizada por la resiliencia y la esperanza que accionan articuladas ofreciéndose como respuestas positivas a las realidades de la adversidad. Todos/as conocemos a personas con vidas ejemplares que lograron superar situaciones difíciles sobre la base de la fortaleza que ofrece la fe.
Testimonios que promueven la solidaridad como acto de resistencia que nos permite afirmarnos en la fe, perseverar y confiar en las promesas divinas, especialmente en momentos de sufrimiento. La Biblia está llena de historias y personajes que manifestaron resiliencia ante la adversidad:
1. Rut al quedar viuda permanece con su suegra, en lugar de regresar a su tierra, expresando su solidaridad y empatía. (Rut 1:16)
2. Sara, confiando en las promesas de Dios resiste a la tristeza, afirmando que lo imposible para los humanos, para Dios es posible. (Genesis 11:23)
3. Jocabed, la madre de Moisés, Aarón y Miriam, desobedeció las órdenes infanticidas del faraón lo que permitió la sobrevivencia de Moisés.
En el NT numerosos varones y mujeres también fueron testimonios de la confianza y de la fidelidad de Dios. María, elegida para ser madre de Jesucristo. José (esposo de María) ante la incertidumbre y la necesidad de proteger a su familia huyó a Egipto enfrentado toda clase de peligros por confiar en Dios.
1. Pablo a pesar de sufrir azotes, encarcelamientos, naufragios y persecución constante, se mantuvo en su propósito, afirmando que los sufrimientos presentes no se comparan con la gloria futura. (2Corintios 4:8-9)
2. Pedro, tras negar a Jesús, experimentó el fracaso personal, pero en lugar de rendirse, fue restaurado y se convirtió en una columna de la iglesia primitiva, demostrando su capacidad de levantarse tras de su caída.
Podemos encontrar otros ejemplos de resistencia y esperanza en la Biblia, dónde con solidaridad y en comunidad lograron superar muchos obstáculos, adversidades sociales y religiosas. La fe y la comunión fueron el motor de la resiliencia, no se salvaron solos. Fue la otredad y el amor el sostén de sus vidas.
En esta actualidad que nos toca transitar como sociedad, llena de contradicciones, polarizaciones, “luces y sombras”, bien merece, ensamblar la fábula de La Fontaine: “El roble y el junco”
“Cuentan que una vez crecieron juntos un junco y un roble. Al cabo de un tiempo el roble se hizo un enorme y engreído árbol que menospreciaba al junco burlándose de esta manera: ¡Qué pequeño y débil eres! Ni siquiera tienes ramas y tu tronco no aguantaría ni un cuarto de kilo. Yo, sin embargo, soy grande, tengo poderosas ramas y mi tronco es mil veces más robusto que el tuyo. No sé ni siquiera por qué te hablo. Un día un tornado arrasó la comarca y mientras que el roble se oponía a la fuerza del aire con toda su fuerza y vigor, el junco se movía al ritmo del tornado, el cual fue tan fuerte que terminó arrancando al roble. Cuando llegó la calma, el junco se mantenía en pie porque no se opuso a la enorme fuerza que le atacaba, sino que supo ser flexible mientras que el roble cayó por creerse invulnerable”.
El poder, las injusticias, el desamparo, la incertidumbre y el negacionismo debe hacernos tener esperanza y afianzarnos en la promesa de Dios que nos va a dar compresión a nuestra realidad y resistencia como al junco. Nuestras vidas deben ser un constructo con sentido existencial de solidaridad y firmeza. El apoyo social y comunitario ante tantos ”tornados” y tantos “robles”, debiera ocupar en cada uno/a de nosotros/as la prioridad del encuentro con la otredad para poder trasmitir nuestra fe y esperanza. Para poder llevar nuestra solidaridad.
Nuestra participación y nuestros mensajes deben ser de resiliencia y esperanza basados en la fe en Dios, en su confianza, en su fidelidad, su justicia, su amor y misericordia. Todos/as podemos y debemos ser solidarios/as. Como dijo Mahatma Gandhi: “Lo que haces es quizás insignificante, pero es importante que lo lleves a cabo, porque solo tú puedes hacerlo”.