Por Amalia Sanahuja
Aparecieron unos nódulos en mi garganta. La disfonía continuaba. Me indicaron unas sesiones de fonoaudiología. Ante mi desconocimiento por primera vez me explicaron que no estaba respirando adecuadamente. Cómo? Eso también lo tengo que aprender? Si llevo respirando toda mi vida…. Sí, aprender a respirar!! Suponemos que respirar es una acción pasiva. Recibí las indicaciones que tuvieron que ver con la respiración abdominal y afortunadamente desaparecieron los nódulos.
El acto reflejo casi invisible y del que depende nuestra existencia encierra una cantidad de particularidades que tienen relación con el cuerpo que nos habita, y al que poco conocemos. Una nariz, una boca, conductos respiratorios, bronquios, pulmones, ritmo cardíaco, corazón. Vida. Desde el primer llanto del bebé al último suspiro marcan el principio y el final de nuestra vida en la tierra.
Nuestro cuerpo es mucho más perfecto de lo que pensamos. Muchas de las enfermedades conocidas son creadas por la misma humanidad. Nuestros entornos lo han afectado. Los alimentos que comemos, el agua que bebemos, los ambientes donde nos movemos y trabajamos influyen en la calidad de vida que tenemos. Al conocimiento que recibimos del cuidado de la salud como hacer ejercicio, mejorar la dieta, reducir el estrés, debiéramos incluir la importancia de respirar eficientemente.
Nuestra salud en gran medida depende de la manera en que respiramos. Pocas veces escuchamos sobre esto. Trece kilos y medio de aire pasan por nuestros pulmones todos los días y los casi ochocientos gramos de oxígeno que consumen nuestras células son tan importantes como lo que comemos o como la cantidad de ejercicio que hacemos.
Se han desarrollado diferentes técnicas de respiración a lo largo del tiempo y de las culturas. Han sido estudiadas, investigadas, probadas y no se perdieron, como esperando a que las aprovecháramos.
Nos dan las herramientas para ampliar los pulmones y enderezar el cuerpo, estimular la circulación, equilibrar la mente y el estado de ánimo y para activar los electrones de nuestras moléculas. Para dormir mejor, correr más deprisa, bucear a mayor profundidad, y vivir más tiempo. (Respira, La nueva ciencia de un arte olvidado – James Nestor, pag 237)
La manera en que respiramos influye mucho en el estrés, la ansiedad, el sueño, la concentración, la tensión muscular, e incluso la presión arterial y el ritmo cardíaco.
Aprender a respirar de manera más consciente puede ayudar a calmar el sistema nervioso, mejorar la atención, favorecer el descanso, y generar una sensación de estabilidad.
Una práctica básica es respirar lentamente:
– Inhalar por la nariz. Excepcionalmente se debiera respirar por la boca;
– Expandir suavemente el abdomen: La mayoría de nosotros solamente usamos una pequeña parte de nuestra capacidad pulmonar total con cada expiración, lo cual requiere hacer más y obtener menos. Uno de los primeros pasos para una respiración saludable es extender las respiraciones, mover el diafragma arriba y abajo un poco más y sacar todo el aire antes de tomar otra bocanada;
– Exhalar más lento de lo que se inhaló. Eso suele ayudar a activar respuestas de relajación del cuerpo.
Existe una amplia bibliografía para consultar sobre diferentes técnicas.
Traigo esta reflexión por la cantidad de veces que no nos detenemos ante verdaderos milagros. Y en el cuerpo se ven muchos de ellos.
Nos encontramos con un mundo desenfrenado por alcanzar los mayores logros a todo riesgo de perder su misma esencia.
La tradición cristiana tiene un mensaje claro y contundente para darnos sobre el Cuidado Esencial cuyapráctica resalta el cuidado integral de uno mismo, de los demás, de la creación y las cosas como parte de una respuesta cristiana a la enseñanza de amar a Dios y al prójimo como a nosotros mismos (Mt.22:36-40). Una de sus dimensiones es el Autocuidado tema sobre el que estamos reflexionando.
El teólogo Leonardo Boff en su libro “El cuidado esencial” declara: En tiempos de crisis de la civilización tenemos que volver a lo más esencial, y eso es el cuidado como paradigma universal: el cuidado de la Tierra, de la naturaleza, de nuestra existencia. El cuidado es parte de la esencia de la humanidad. Un ser vivo que no es atendido se debilita y muere.”
El milagro ya está desplegado ante nosotros y nosotras. Su misma creación da cuenta de ello. Lo llamo el milagro ordinario, que no por sencillo o simple es menos milagroso de lo que acostumbramos llamarlo así, solamente por lo espectacular.
Es llamativo observar la relación entre el aliento de vida que dio Dios al ser humano y la corporalidad del acto de respirar.
Vemos en la vida de Jesús, cómo él toma fuerzas relacionándose con el Padre siendo la oración el motor de su vínculo. En momentos de mucho estrés como en el desierto sabia que después iniciaría su ministerio público con todo lo que ello implicaba; o la hora tan difícil en el Getsemaní antes de afrontar la cruz, fueron algunas de las veces que experimenta la oración como una práctica que fue regular a lo largo de su vida y que nos dejan su ejemplo para seguir.
La oración contemplativa está muy relacionada con el tipo de respiración lenta, relajada, como si esa recomendación fuera retomar el mismo aliento/Espiritu (del hebreo Ruaj) que cita el Génesis cuando dice que sopló aliento de vida y fue el hombre un ser viviente. Por eso el acto de respirar aparece como algo profundamente ligado a la vida interior y espiritual. Volver a los orígenes, atender la recomendación bíblica cierra el círculo perfecto del cual a veces queremos salirnos, cuando en realidad el acto de orar también incluye el cuerpo maravillosamente diseñado y el que merece nuestro cuidado.
Cuerpo y Espíritu se unen en plenitud para adorar al Dios de la vida!! (Salmo 150:6).
¡RESPIRA!! Y QUE TODO LO QUE RESPIRE ALABE AL SEÑOR!!!