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Lo que no comprendo

    En el punto azul que nos has dado, te siento lejos, nos separa la distancia más larga,  un esperanzador después que en tu eternidad es un instante, y para nosotros un salto cansador con destino a ti.
    Cuando busco dentro de mí ese lugar íntimo que podría ser mi alma y tu casa, a veces desordenada y sola, siento que me acompañas, sin exigencias, que nunca me sueltas. Únicamente así se esfuma mi soberbia y comprendo que si quiero traducirte o interpretarte, lo haré mal, no nos pertenece aún la verdad absoluta, sin embargo, algo nos conduce irremediablemente a buscarte porque, a pesar de nosotros, Tú existes y con amor nos abrazas.
    Entre el silencio y la ausencia de discernimiento, ha triunfado la apatía con tal sutileza que saco la fe de los surcos fértiles.
    Es inalcanzable comprender la dimensión del soplo abarcador de vida. Tan simple separaste el átomo divino y creaste una partícula minúscula de humanidad, con serie de órdenes específicas multiplicadas sobre el barro, o sobre el agua, o sobre el cielo.
    Nos diste verdadera libertad creadora. De cada semilla nacen variedades nuevas, especies de esplendor y también nosotros, de rostros frescos, alumbrados, con voces armoniosas, gestos de pureza y dotados de inteligencia infinita. Nos multiplicamos libremente, siendo seres únicos en miles de millones. Seguro podrías haberlo hecho todo de un soplo, Tú solo, pero dejaste fluir la vida despojado del egoísmo, nos diste el placer de procrear y de vincularnos amorosamente.
    Pero todavía no entendemos el amor, no creemos que heredamos la vulnerabilidad del papel-agua que se escurre con gritos, con historias y con miedo. El  agua manda, se escapa y apenas libre, evapora la vida, secándonos.
    ¡Cuánto espero el agua viva que quita la sed de toda escasez!
    Me pregunto: ¿Si pido tu voluntad cedo mi libertad?
    NO.
    Sólo pido socorro porque tu voluntad será más buena que el enemigo que me combata, sólo necesito que lo detengas y lo alinees con tu amor.
    Necesito saber con certeza que tu corazón es mi casa. Y  la casa de los otros.
    Te escribo. 
    Anhelo saberte amar.
    Conozco de memoria donde duermen las letras. Sé juntarlas sólo en mi idioma, desconozco el tuyo. Tengo la buena intención de eliminar dogmas y costumbres que no concuerdan con tu interés ni con tu enseñanza, al contrario, creo que son ofensivos a tu amor.
    Si pudiera te haría una lista de errores y disculpas. Declino a la idea de creerte por consuelo o por sentirme prisionera de castigos.
    Sólo confío en que me enseñaras a amar de verdad en la desnudez total del interés personal y en pos del bien común, así seremos a tu imagen y semejanza para que nunca caigamos en ruinas.
    Te esperamos pretendiendo inmerecidamente la gracia de tu grandeza y tu abrazo.
    Amado Señor, hazme comprender sin perderme en el intento.
    Tú ya sabes quién te escribe.
    Diciembre 2020

    Yo estoy a tu puerta, y llamo
     si oyes mi voz y me abres,
    entraré en tu casa
    y cenaré contigo.
    Apocalipsis 3:20
    Mayo 2021