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El Cuento de la Criada – parte 3

    Por Carmen Umpierrez

    En su libro Ética desde el Otro, Maria Alicia Brunero nos dice:
    “Todos (todas) intuimos que la cadena discursiva sobre la cuestión – ética, eticidad, valores, moralidad, conciencia, etc – tiene que ver con el binomio bueno – malo.
    Como dijo un hermano el domingo en el estudio bíblico, “ética es cuando concuerda lo que hago y lo que digo”
    En este sentido leemos, a personas y personajes en redes hablando sobre el volver a los valores tradicionales, contrastando ciertas costumbres anteriores como mejores, más adecuadas, moralmente adecuadas. En este texto me quiero referir puntualmente al caso de la tendencia de redes mejor conocida como “tradwife”, mujeres tradicionales en castellano.
    Son mujeres jóvenes que promueven un estilo tradicional de ama de casa en plataformas como TikTok e Instagram, se filman, tienen seguidores, son esposas de empresarios e incluso son empresarias que se muestran en grandes casas con varios hijos e hijas, cocinando en lugares cómodos amplios bien equipados, muy bien vestidas y sonriendo. Dicen que retoman los ideales cristianos de 1950 y 1960 que sostienen que la mujer tiene que dedicarse al cuidado del hogar y la familia.

    Me surgen algunas preguntas: ¿Las mujeres en su mayoría, han dejado de dedicarse al cuidado del hogar y la familia? ¿Qué ideales cristianos quieren retomar? ¿Qué es promover un estilo tradicional?
    Desde un espacio, de comodidad, confort y hasta lujoso, esas creadoras de contenido nos piden a otras mujeres que volvamos al estilo tradicional de amasar fideos, a hacer nuestras huertas, a ponernos delantales blancos y vivir al mejor estilo de la Familia Ingalls.

    Según el INDEC (Instituto Nacional de Estadísticas y Censos)
    “La distribución de las tareas de cuidado es estructuralmente desigual: 9 de cada 10 mujeres realizan estas tareas, que les insumen en promedio 6:31 horas diarias (INDEC, 2022). Ellas dedican a este trabajo casi tres veces más tiempo que los varones, realizando el 70,2% del trabajo doméstico y de cuidados no remunerado (TNR) (DNEIyG, 2022). Esta desigual distribución del TNR se profundiza en los hogares a cargo de mujeres con niños/as y sin presencia de cónyuge, conocidos como “monomarentales”. “En el 3er trimestre de 2022 hubo más de 1.600.000 hogares de este tipo (EPH Total Urbano-INDEC). Esto representa al 11,7% del total de hogares y en ellos viven más de 3.000.000 niños/as. En estos hogares, las tareas domésticas y de cuidados recayeron en su totalidad sobre las mujeres jefas.”
    Los números demuestran que las mujeres en Argentina seguimos haciéndonos cargo de la casa y la familia además del trabajo remunerado fuera del hogar.
    Estos cuidados nos limitan el tiempo y no hay recursos suficientes para hacer los fideos del mediodía o confeccionar la ropa en casa, porque las jornadas de trabajo son extensas. Otro dato es que históricamente las mujeres ganamos entre un 20 a 25% menos que un varón en el mismo cargo, lo cual precariza los ingresos.

    Los valores tradicionales a los que están apelando están alejados de la realidad porque, aun estando en pareja en un contexto socio – económico como el actual es imposible tener solo un sueldo para sostener un grupo familiar, por lo cual las mujeres trabajan en el “afuera” sin dejar de sostener los “adentro”.
    Otro reclamo que han sumado a este movimiento es que las mujeres renuncien al derecho a votar y que sus maridos las representen.
    Si tomamos en cuenta que más de 8 de cada 10 hogares tienen jefatura femenina, tenemos que la representación también sería cuestionable y para quienes viven en pareja sería volver a pensar a la mujer incapaz y con necesidad de tener un tutor. Se dejarían de lado los derechos adquiridos: el derecho al voto, a estudiar, a trabajar, a elegir con quién vivir, cuántos hijos e hijas tener. Estos derechos han costado vidas de muchas mujeres y a lo largo de muchos años de lucha.
    ¿Por qué entonces hay mujeres que buscan que otras mujeres renuncien a sus derechos, cuando ellas están en un lugar privilegiado? ¿Por qué hay mujeres que buscan vulnerar a otras mujeres?
    Algunas de las explicaciones es que este movimiento está financiado por un sector social que se encuentra asociado a un pensamiento de lectura fundamentalista, con fuerte impronta en la idea tradicional de la familia, a como dé lugar, sin tener en cuenta situaciones de violencia dentro de la familia, de pobreza, de exclusión y viendo a la mujer como mero envase de hijos e hijas; se la ve desde la perspectiva del Cuento de la Criada, como posesión de otras personas. Mujeres aliadas con un sistema de sometimiento del patriarcado que, aunque tienen poder y privilegios que disfrutan de un sistema autoritario, también quedan sometidas.
    Quienes vimos la serie, no podemos más que pensar en su vigencia, los discursos de odio, la culpabilización de la mujer por la decadencia social, la doble moral, la violencia que despliega y la interpretación sesgada de los escritos bíblicos.
    Desde este movimiento “tradwife” se está llamando a la sana doctrina, a los orígenes, al principio de la palabra.
    Pero dejan de lado y omiten que Jesús siempre abogó por el derecho de excluidos tanto de mujeres como de varones, habló y practicó la justicia, puso a las mujeres, a los niños y niñas, a enfermos con la dignidad de personas creadas a imagen y semejanza de Dios. Y, en un tiempo donde la mujer era considerada por su fertilidad, Jesús las valoró más allá de su maternidad.
    Nos enseñó que el primer mandamiento es Amar a Dios y el segundo similar a este amar a nuestro prójimo como a sí mismo.”
    La ética me impulsa a cuidar y hacer con la otra como quiero que hagan conmigo.