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Pasa en las mejores familias (3)

    En tiempo de adviento, que es tiempo de espera y preparación de la Navidad te invito a que nos detengamos en el Evangelio de Mateo. Mateo hijo de Alfeo, judío de nacimiento, servidor del imperio romano por elección, recaudador de impuestos de profesión. A él se le atribuía el primer Evangelio, aunque los nuevos estudios lo cuestionan. De todas maneras, quien lo haya escrito busca demostrar que Jesús es el Cristo, en quien se cumplen las promesas y que es él el Mesías esperado por los judíos.
     
    Mateo, llamado por Jesús, comienza a seguirle y haciendo lo que mejor sabe, que es registrar, contar, dejar asentado parte del ministerio del Maestro, relata sobre la vida de Jesús y lo hace para los judíos.
     
    Mateo, es despreciado por sus compatriotas, por recaudar para los opresores. Se enriquece también a costa de los padecimientos de éstos. Lo llamativo es su primer capítulo y aquí es que vamos a ir deteniéndonos. Registra una larga lista de nombres, algunos muy conocidos y otros no tanto, pero veamos:
     
    Mateo 1:1 – Libro de la genealogía de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abraham.
    Vaya salto que hace el escritor, hijo de David, hijo de Abraham. Hijo de David porque de allí esperaban que se levantara el Mesías quien vendría de la casa de David, está hablando de la promesa. Hijo de Abraham, porque no importaba qué habían escuchado de Jesús, que si era galileo, que si era de otro lugar. Lo define hijo del otro patriarca sobre el que estaban dadas las promesas para el pueblo de Israel y que los conforma como pueblo.
     
    Lo sitúa geopolíticamente. Jesús proviene de estas raíces y esta definición política interpela cualquier argumento: si conocían a su padre, si venía de Galilea, si conocían a la familia por ser trabajadores, etc., va a hablar de este Jesús. Pero no se queda allí, comienza una descripción
    del linaje bien interesante.
     
    Mateo 1:3 – Judá engendró de Tamar a Fares.
    La historia de Judá y Tamar se encuentra en Genesis 38. Judá se aparta de sus hermanos y va a Canaán y allí se establece y nacen sus hijos, tres en total. El primero, Er, toma por mujer a Tamar y dice que Dios le quita la vida por hacer lo malo. De acuerdo a la ley del levirato Tamar es entregada al segundo hijo Onan, quien también muere. Ante tal hecho, Judá envió a Tamar a la casa de su padre hasta que crezca el hijo menor. Si bien no tenía ninguna intención de entregar a su tercer hijo ni de proteger a Tamar, recordemos que en ese momento la mujer dependía del varón, estaba a cargo del padre, del hermano o del marido.
     
    Habiendo enviudado dos veces, Tamar vivía en la casa del padre de sus difuntos esposos. Era una carga más que una hija bien recibida. Cansada de esperar, se hizo pasar por una prostituta y quedó embarazada de su suegro, quien al enterarse, livianamente dice que la apedreen, pero ella que tenía pruebas de quién era el padre de su hijo, lo enfrenta y salva su vida y la del bebé. ¿Por qué poner a Tamar en la genealogía de Jesús? ¿por qué poner esta historia que es para “esconderla bajo la alfombra? Me parece que el evangelio nos muestra que no somos perfectos, que todos en nuestras familias tenemos historias las cuales no contamos, que nos dan vergüenza y pudor, pero que así y todo Dios puede hacer maravillas con ellas.
    Mateo 1:5 – Salmón engendró de Rahab a Booz… Rahab, otra extranjera que vivía en el muro de Jericó, identificada por el escritor del Antiguo Testamento como prostituta (Josué 2). Una mujer que apoya al pueblo de Israel y oculta a espías, es la segunda mujer de “mala reputación” que es nombrada en solo cinco versículos de una genealogía que debería ser “pura”, “santa”, “inmaculada” porque se está hablando de los antepasados de Jesús a quien se quiere establecer y dar cartas de referencia de ser el Mesías.
     
    El escritor no es ingenuo, lo hace a sabiendas, para confrontar con aquellos y aquellas que no le creyeron a su Maestro y también quienes lo crucifican: “los puros”, “los santos”, “los perfectos”.  Tienen que saber que Dios se vale de cualquiera para cumplir sus propósitos, así como le pasa a él. Repudiado, publicano, rechazado, Jesús llamó a Mateo y lo hizo su apóstol. Habla de la discriminación porque la ha sufrido, porque la padece.
     
    Mateo 1:5 – Booz engendró de Rut.
    Otro “detalle” una moabita en la genealogía, dos cananeas, una moabita. Esta genealogía no es de sangre pura, tiene entre sus ancestros tres extranjeras que significativamente las nombra.
     
    En un tiempo en el que las mujeres no eran nombradas, salvo muy raras excepciones, el evangelista les pone nombre y una vez más las sitúa geográficamente. Como esa frase que dice “Prohibido olvidar”.
     
    Extranjeras, de dudosa o de certificada mala reputación aparecen en esta genealogía.
    Mateo 1:11 – Mateo habla “del tiempo de la deportación de Babilonia”, tiempo donde el Antiguo Testamento reconoce que es por su maldad, por su lejanía de Dios que Él mismo permite que los tomen prisioneros y que sufran la deportación. Sin embargo, los incluye en la genealogía, para que recuerden que aun en ese momento Dios sigue obrando. Como con nosotros y nosotras, no sabemos cómo, no sabemos cuándo, pero si buscamos a Dios sabemos que él sigue obrando aun en los momentos más oscuros de nuestras vidas.
     
    Mateo 1:16 – “…y Jacob engendró a José marido de María…” La centralidad vuelve a ser puesta sobre una mujer. José es el prometido de María. El pasaje lo enaltece y habla de que él es un hombre justo, que cree en Dios y que cree en el ángel que le pide que no la deje porque María ha concebido del Espíritu Santo.
     
    Con el diario del lunes, esto es muy romántico, pero en ese momento tanto María, adolescente, prometida en casamiento, como José, arriesgaron su vida y su honor por creerle a Dios. ¿Cuántas dudas y miedos habrán tenido? No lo sabemos. El evangelista no lo dice. Lo que nos dice es que esta genealogía del Mesías, del Libertador esperado, del que venía a cumplir las promesas, está llena de “manchitas” o “salpicaduras”.
     
    En este capítulo, pone sobre la mesa, que aun en las “mejores familias” pasa de todo y que Dios sigue escribiendo sobre renglones torcidos. Todo es por gracia, siempre es por gracia, lo que tenemos, lo que alcanzamos, lo que somos, no nos olvidemos de la gracia de Dios sobre nuestras vidas.
     
    ¡El evangelio nos deja en claro qué “pasa en las mejores familias”!
     
    Detenernos en los evangelios nos permite asomarnos a la vida de Jesús, de su familia y encontrar nuevas pistas que descubren el misterio de su revelación.
     
    En tiempo de adviento, que es tiempo de espera y preparación de la Navidad la autora nos invita a detenernos en el Evangelio de Mateo y adentrarnos en la familia de Jesús. Una vez más nos sorprenderá!!